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El conocimiento científico y el popular en la balanza emergente
Cuando recuerdo la magia que tenía mi abuelo para reparar radios, ventiladores, plancha... sin tener el mínimo conocimiento de los circuitos eléctricos, corriente alterna, electrones y otros aspectos directos de la electricidad y específicamente la ciencia de la física, es para pensar que no lo necesitaba. Pero, cuando los artefactos volvían a dañarse se sumergía en un estado de incertidumbre que agotaba su acción técnica. Estamos frente a una experiencia que Paulo Freire llamó “curiosidad ingenua”. Le llamó así, porque está asociada al saber del sentido común. Esta curiosidad es la misma curiosidad que, al hacerse crítica, al aproximarse de forma cada vez más metódicamente rigurosa al objeto cognoscible, se vuelve curiosidad epistemológica.
En la actualidad continua la dialéctica valorativa del conocimiento científico sobre el popular. ¿De dónde se origina tal confrontación que no parece tener fin?. La caída del feudalismo, el surgimiento del mercantilismo y la implantación del capitalismo sustituyeron las relaciones de producción basada en una racionalidad técnico instrumental. Los grupos sociales dominantes privilegiaron a la razón sobre los criterios de verdad, valores, libertad y justicia. Por esta razón el conocimiento popular quedó subordinado al discurso científico técnico.
Desde este enfoque se estableció la cultura de la clasificación del mundo en países desarrollados y subdesarrollados. Países que tenían la materia prima y los países que tenían la capacidad y potencialidad para transformarla. Esto obedecía a un modelo de dominación para ejercer el poder sin necesidad de lanzar una bomba nuclear. Es decir, que nos convertían en obreros A-salariados que cuidábamos de una riqueza ilimitada, muy sumisamente para que otros la explotaran.
El despertar de una conciencia crítica nos deja ver que somos dueños absolutos de esas riquezas que en su forma natural la hemos utilizado con sabiduría y sentido de pertenencia. Es allí cuando empieza el ataque permanente al conocimiento popular, que hasta se le llamó peyorativamente “vulgar”, como una forma de quitarle vitalidad e identidad a nuestros pueblos. Sin embargo, cuando este mal llamado conocimiento vulgar captaba la atención por sus resultados, entonces las potencias del conocimiento científico lo “inmortalizaban” en sus laboratorios, le colocaban una etiqueta y un sello de propiedad. Y como si esto fuera poco se hizo ver que se realizaba un beneficio a la sociedad. La sociedad agradecida paga el precio ideológico, moral y económico. Es otra forma de dominación diferente y parecida a la vez a la que realizaron los primeros conquistadores navegantes de mares desconocidos, porque ahora son navegantes de rutas virtuales.
Es aquí donde hay que introducir las propuestas de cambios paradigmáticos. No se trata de realizar una defensa vana y lineal del conocimiento científico y el popular, sino de darle a cada uno su verdadero lugar y valor. Paulo Freire no podía decirlo mejor, “entre el saber hecho de pura experiencia y el que resulta de los procedimientos metódicamente rigurosos, no hay para mí una ruptura, sino una superación” (1997). Los pueblos autóctonos que se han beneficiado de sus saberes populares le dieron a la industria farmacéutica (por mencionar un ejemplo) los insumos y guía de uso de plantas, que luego ellos con sus investigaciones en bioquímica, encontraron los componentes que producían la cura de muchas enfermedades.
Creo que lo importante es que podamos formar un tejido epistémico y dialógico entre el conocimiento científico y el popular en las interrelaciones de nuestra cotidianidad. De esta manera podremos “leer” los hechos, procesos y acontecimientos (naturales o sociales) que día a día se presenta ante nuestros sentidos por medio deñas teorías y leyes que nos aportan el conocimiento científico. Que bueno sería desarrollar la habilidad de hacer que nuestros estudiantes puedan aprender desde su cotidianidad a desarrollar su curiosidad investigativa respetando su libertad y autonomía. La educación tiene que promover la articulación de la nueva ciencia y la sociedad, solo así se puede tener una visión de independencia tecnológica, ideológica y axiológica. Es necesario trabajar con conciencia crítica y no ingenua para que la educación no siga garantizando la perpetuación de la dominación del modelo de producción capitalista rentista.
Un paradigma emergente sería la balanza para gestionar nuestros conocimientos con sabor a tierra mojada, a olor de nuestros indígenas y la fuerza de nuestros campesinos, debe despertarnos el orgullo de ser latinoamericanos, venezolanos, monaguenses,.. Desde este punto de partida estaríamos redimensionando el conocimiento, sin calificativos, porque no todo es malo. La escuela tiene que educarse para lo que se enseñe en clases se corresponda con lo que esta pasando afuera, ya sea comunitario, nacional o mundial. No puedo dejar de hacer una breve conexión con una de las razones que nos mantienen anclados al modelo de enseñanza disciplinaria que nos indica que el todo tiene que dinamitarse para estudiar cada partícula por separado, y que para entenderlo mejor o porque no podemos saber de todo, porque no sabríamos de nada. Cualquier disparate que se diga para sostener semejante ingenuidad es aceptado, pero jamás defendida por la conciencia crítica.
Una enseñanza divisoria entre conocimiento científico y el popular además de no permitir una contextualización real y temporal, tampoco favorece la enseñanza con enfoque interdisciplinario. No me refiero a que las ciencias se estudian de manera independiente una de las otras, sino también a la parte humana que limita el esfuerzo de acción pedagógica, comunitaria o personal. El llamado es a reactivar nuestro espíritu de acción comunitaria, al trabajo de equipo con metas comunes y sin las antinomias que nos alejan del carácter humanista que debe promover la educación. El conocimiento es de origen y acción humana.
Todo lo anterior me deja conversando con mis dudas. ¿Acaso enseño conocimientos científicos con explicaciones del conocimiento popular? ¿De quién fue la idea de llamar el saber de los pueblos popular? Hoy en día observamos como instituciones acreditadas pretenden justificar sus gerencias buscando los talentos populares para darle “respaldo” con campañas publicitarias. ¿Será que se legitiman presupuestos con la curiosidad ingenua de nuestros talentos originales?. Lo justo es que cada cosa tenga su reconocimiento con el debido respeto y autenticidad porque a fin de cuentas el conocimiento llámese como se llame, es una creación natural del ser humano y esa condición vital debe tener ética y moral.



po0rfa diganme :P
ezk no0 lo0 encuentro0
xD
pomgan el popular
como te llamas y cuantos años tienes
que son los conocimienbtos cientificos y populares
no encuentro conocimientos cientificos ni populares
sos help!
csi n me sle lo qe realmnt signfca y yo qro sberl and prfa
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